Los tanques entraron en la plaza antes del amanecer del 4 de junio de 1989 para sofocar semanas de protestas estudiantiles y de trabajadores. El gobernante Partido Comunista nunca ha difundido una cifra de fallecidos y teme que cualquier conmemoración pública afecte a su control del poder.
China ha cambiado enormemente en las dos últimas décadas. Las reformas del mercado han sacado a cientos de millones de personas de la pobreza y han transformado China en la tercera mayor economía del mundo, lo que haría altamente improbables hoy día protestas a la misma escala.
Las muertes en 1989 tensaron los vínculos entre Washington y Pekín, y su repercusión fue evidente en la víspera del aniversario.
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, pidió a China que libere a quienes aún están en prisión en relación con las protestas, que cese el hostigamiento hacia quienes participaron y que comience un diálogo con las familias de las víctimas.
'Una China que ha hecho un enorme progreso económicamente y que está emergiendo para asumir su puesto adecuado en el liderazgo mundial debería examinar abiertamente los sucesos más oscuros de su pasado y rendir cuentas públicas a aquellos que mataron, detuvieron o desaparecieron, tanto para aprender como para cicatrizar', dijo Clinton en un comunicado.
China denunció estas declaraciones como una 'cruda intromisión'.
'Expresamos nuestra fuerte decepción y oposición resuelta', dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores Qin Gang.
Las demandas de Clinton reflejan los puntos de vista que Washington ha mantenido durante mucho tiempo pero suponen una postura más dura por parte de Estados Unidos sobre derechos humanos en China.
También se hizo eco de la petición de Clinton el primer ministro australiano, Kevin Rudd, un diplomático que habla mandarín y que en alguna ocasión estuvo destinado en Pekín.
'Toda la gente de todo el mundo se vio afectada por aquellos eventos y todavía tienen resonancia hoy', dijo Rudd.
En una muestra de la mezcla de confianza y cautela de Pekín, la Plaza de Tiananmen se abrió el jueves a los visitantes, con la presencia de cientos de policías y guardias. En el décimo aniversario en 1999, estuvo cerrada al público.
Los chinos abarrotaron la plaza para ver la ceremonia de izado de bandera que ahora es un ritual oficial patriótico. Muchos eran visitantes de fuera de Pekín que parecían no estar al tanto de la fecha. No hubo gestos de protesta.
Pero algunos llegaron a la plaza a rezar en calma.
'Hoy es 4 de junio, así que vinimos aquí a conmemorarlo', dijo un hombre apellidado Wang.
Las autoridades bloquearon el acceso a la web social Twitter (www.twitter.com), al servicio de intercambio de fotos online Flickr (www.flickr.com), así como al proveedor de correo electrónico Hotmail.

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