Circula por Internet. Es una foto rara y especial: Javier Bardem y Penélope Cruz charlan de pie en un restaurante neoyorquino. Es el año 2007, pero la revista Cuore no ha revelado aún que entre el menor del clan Bardem y la vecina más ilustre de Alcobendas "hay lío". Tampoco ¡Hola! ha tenido tiempo para confirmarlo con un reportaje gráfico en las Maldivas. Puede que todavía no se haya producido el primer beso.
Penélope tiene las manos juntas, como queriendo enfatizar sus palabras; no advierte el flash de la cámara que la retrata. Parece seria, pero se le escapa un gesto de complacencia. Frente a ella, un Bardem relajado -las manos en los bolsillos, la camisa semiabierta- la deja hablar, no tiene prisa. Ha fruncido los labios en una sonrisa que exagera su mandíbula rotunda, el perfil de boxeador, la dureza del cuello. Entorna los párpados abombados y, debajo, está la mirada invicta, pelín canalla.
Tal vez no tenga unos ojos bonitos, pero sabe mirar; lo hace desde arriba. ¿Está prestando atención al discurso de Penélope o prefiere observarla? ¿Aguarda, acaso, el momento en el que la madrileña agote su alocución y no le quede otro remedio que contemplarle bien, rendirse a su belleza bronca y animal, dejarse seducir? ¿La llamará entonces Bardem "jamona"? ¿Le soltará a bocajarro que le gusta, la perseguirá a los servicios? ¿O la besará en la frente como ya lo hizo un día, hace 17 años, ante los ojos de Bigas Luna y por exigencias del guión?
SUS FANTASMAS... y la prensa
Han pasado dos años desde que comenzó su relación y en las peluquerías se ha dejado de debatir si el actor se lió con Penélope "para abrirse camino en Hollywood", si "ella no le merece" o si, por el contrario, hacen la pareja perfecta porque "crecieron juntos y sus vidas han avanzado de forma paralela".
Sin embargo, apenas existen fotos en las que posen juntos: el actor, que ya cuando salía con Cristina Pallés mostró su reserva con la prensa, ha extremado su celo para que ni un segundo de su vida privada trascienda en ella. Tal vez en exceso, dicen algunos periodistas, "ve fantasmas donde no los hay".
En lo profesional, el joven aficionado al rugby que llegó a la interpretación casi sin pretenderlo ("pintar era mi pasión, pero necesitaba dinero y empecé a trabajar como extra en pelis"), y que antes de actuar probó suerte como portero de discoteca o stripper, ha conseguido un puesto en el Olimpo del cine y una estantería repleta de galardones, entre ellos el ansiado Oscar.
También el respeto de sus directores, asombrados por su dedicación que hace que se presente en los rodajes con notas sobre su personaje "que ocupan más que el guión". Entre sus compañeros, Malkovich o Gael García se deshacen en elogios a sus dotes interpretativas, mientras Josh Brolin ensalza su carácter, que es "todo lo español que se puede llegar a ser". Bigas Luna revela uno de sus secretos: "Ha sabido seleccionar sus papeles". Para ello, ha tenido que rechazar algunos tan bien remunerados como el de coprotagonista en Minority Report u otro en Instinto básico II.
UN TÍMIDO... Hipocondriaco
Mientras, Bardem, que acaba de cumplir los 40, saborea el éxito con seriedad a la vez que trata de mantener la distancia de "ese circo" donde los actores son llamados celebrities y son considerados ‘entes divinos'. La fama le abruma y la frivolidad le enferma. Arremete contra algunas de las estatuillas que atesora ("los Oscar son sólo una promoción del cine americano (...).
Los premios sacan lo peor de uno"), resta importancia a sus logros profesionales ("terminar COU sí que fue una hazaña") y se ríe de los rankings que le señalan como uno de los más sexys (él se mira en el espejo y ve a un tipo "tímido, con la nariz rota e hipocondriaco"). Su obsesión es mantenerse apegado a la vida real y a sus principios. A ello le ayudan sus amigos de la infancia.
El actor que se moja
A pesar del mutismo que le invade cuando se trata de abordar temas sobre su vida personal, el hijo de Pilar Bardem se muestra locuaz ante cuestiones sociales o políticas. En las entrevistas ha expresado sin rodeos su apoyo a los matrimonios gays y su aversión por el Vaticano ("si fuera gay me casaría mañana mismo sólo por joder a la Iglesia"); ha defendido la eutanasia, ha mostrado su disconformidad con el Gobierno Bush y ha combatido algunas de las decisiones del anterior Gobierno español, como el de participar en la invasión de Irak.
Admite abiertamente que comulga con las ideas de izquierdas y que tuvo reticencias para interpretar a Reinaldo Arenas en Antes que anochezca por su simpatía con el régimen castrista. Como era de esperar, el actor es tan querido y respetado por una parte de sus conciudadanos, como denostado por la otra.


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