Entre estas figuran la polémica Halliburton, a la que estuvo vinculada el vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, y que estuvo envuelta en irregularidades por contratos en Irak, y que ahora reaparece en Luisiana con servicios de construcción y energía.
Otras beneficiadas son Shaw Group, especializada en obras de construcción e ingeniería, la productora de cobre Phelps Dodge, así como la fabricante de equipos pesados Caterpillar, que se han convertido en un atractivo para los inversores.
Según el diario, las acciones de esas empresas han subido entre un 5 y un 40 por ciento en las últimas dos semanas.
Los damnificados encaran la supervivencia
El sur de Luisiana y de Misisipi viven hoy de la generosidad del resto de EEUU mientras los residentes, que han perdido viviendas y prendas, y las autoridades que los auxilian esperan la limpieza de las ciudades devastadas tras el huracán Katrina.
La extensión de los daños ha asestado golpes muy duros a industrias como la pesca, la agricultura, el turismo y los casinos. Pero también se ha convertido en una gran oportunidad para contratistas de sanidad y constructores que llegan a la zona afectada por el huracán con jugosos contratos.
Junto con los constructores también se multiplican en la zona los agentes de las compañías de seguros que evaluarán las pérdidas y calcularán las indemnizaciones. Y, tras ellos, entre las primeras oficinas que vuelven a la vida se cuentan las de los abogados que disputarán las adjudicaciones de las compañías de seguros.
Tan sólo en Luisiana 226 escuelas sufrieron daños y unos 237.000 alumnos de primaria, secundaria y universidades se enfrentan al comienzo de clases desplazados en aulas extrañas.
En Nueva Orleans se multiplican las señales de una reactivación de la actividad, con el restablecimiento del servicio eléctrico en los barrios del oeste y el sur, mientras continúa el bombeo de agua contaminadas desde el este urbano hacia el Lago Pontchartrain.
El presidente George W. Bush visitó durante 45 minutos esta ciudad el lunes después de un recorrido por Gulfport, en el vecino Misisipi.
En toda la franja de territorio desde Nueva Orleans hasta el este de Biloxi, en Misisipi, los damnificados se congregan en albergues e iglesias, o concurren a los estacionamientos de los centros comerciales donde miles de camiones militares y de grupos de beneficencia han distribuido toneladas de ropa y otros artículos donados.
En el albergue principal de la Cruz Roja en Baton Rouge quedan todavía unos 2.500 damnificados después de que otros 1.200 se fueron del recinto que, en un momento tras el huracán hace dos semanas, recibió a unas 7.200 personas.
También ha mermado la cantidad de damnificados en el estadio "Astrodome" de Houston (Texas) y, en general, en todos los sitios donde iglesias, escuelas y grupos comunitarios ofrecieron amparo a los evacuados desde Nueva Orleans.
Esa diferencia se debe a que, tras el paso del huracán a 50 kilómetros de Nueva Orleans, esta ciudad quedó inundada y hubo que evacuar a la población, mientras que en Misisipi la marejada que levantó Katrina se retiró, dejando abiertos los terrenos para el retorno de los habitantes.
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