"Llegó gente que había ido a Barcelona a hacerse el testamento vital, que habían redactado un documento ante notario hacía años, jóvenes que querían donar sus órganos..." Los asturianos tenían ganas de poder dejar por escrito cómo querían morir, sin sufrir, sin que se les alargue la vida artificialmente, o todo lo contrario. El Registro Instrucciones Previas acaba de cumplir un año y ya tiene 592 documentos.
"Es sorprendente, ya estamos en la tasa media nacional de 120 por cada 100.000 habitantes", explicó el encargado del registro Sergio Gallego. Es casi el doble de lo que Salud había previsto, unas 30 al mes. "Ahora, cuando el ritmo del principio ha bajado, estamos haciendo unos 15 o 20 a la semana", dice.
Quien acude al registro (en el edificio Calatrava en Oviedo) tiene unos 60 años y en el 80% de los casos va a dejar por escrito que quiere donar sus órganos o sus tejidos para transplante (el 4% de los inscritos dejaron constancia de que no querían ser donantes). La mayoría son personas sanas aunque hay quien, conocedor de una enfermedad, acude para que, cuando no pueda decirlo, los médicos sepan cómo quiere morir.
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