Saberí fue condenada hace tres semanas por un tribunal revolucionario de Teherán tras un juicio rápido y a puerta cerrada, plagado de contradicciones. Desde que fuera detenida el pasado 31 de enero, los cargos contra ella han oscilado desde la supuesta compra de una botella de vino -cuyo consumo está penado en Irán- hasta la denuncia por trabajar de forma ilegal al haber expirado su acreditación de prensa.
Finalmente, el 9 de abril, pocos días antes de que se iniciara el juicio, el fiscal segundo Hasan Zare Dehnavi acusó a Saberi de espiar para Estados Unidos. Organizaciones de derechos humanos han denunciado que el caso ha sido politizado, y que se ha convertido en una ficha dentro de el nuevo proceso que se ha abierto en las relaciones entre Estados Unidos e Irán.
Huelga de hambre
El presidente norteamericano, Barack Obama, ha expresado al régimen de los ayatolá, con el que su país cortó los lazos diplomáticos en 1980, su deseo de abrir un nuevo capítulo, oferta que ha inquietado y dividido a algunos de los sectores más conservadores de Teherán.
Saberí, hija de padre iraní y madre japonesa, llegó a Teherán hace seis años y desde entonces trabajó para medios británicos y estadounidenses de prestigio como la cadena BBC o Fox News. Actualmente, se hallaba en el país al parecer recopilando información para escribir un libro. Según su padre, Saberí ha mantenido una huelga de hambre en la prisión de Evin que obligó a que fuera ingresada, extremo que han negado las autoridades iraníes.


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