P. Don Félix, su frutería casi ha abandonado su condición de comercio de barrio para alcanzar el grado de monumento artístico.
R. Ni mucho menos, esto sigue siendo una frutería de barrio. Yo me sigo levantando a las tres de la mañana durante la semana para acudir a Mercamadrid. Sólo el amor por el negocio y el respeto por la clientela pueden empujar a alguien a seguir llevando esta vida después de tantos años.
P. Pero no me negará que recibe alguna compensación.
R.Sin duda alguna, por ejemplo, hace poco El New York Times nos ha propuesto como uno de los ocho establecimientos de visita obligada en Madrid.
P. Va a acabar usted convertido en destino de peregrinaciones.
R. Si ya sucede, no crea. Los turistas vienen cargados de cámaras a fotografiar la frutería.
P. Como a La Cibeles.
R. Más o menos, sí., pero sin leones.
P. Entre su clientela está la Familia Real, eso será otra compensación.
R. Por supuesto. Y mi mayor orgullo.
P. Háblenos de los gustos de los Reyes en cuanto a frutas se refiere.
R. A la Reina le encantan las cerezas, al Rey los albaricoques.
P. Gustos sencillos, nada extravagantes.
R. Sí, bueno, el Rey también es muy de picante, una vez probó una guindilla de una cesta que habíamos enviado al camerino de Zubin Metha y le encantó.
Al día siguiente, a petición del maestro, hicimos llegar a La Zarzuela una cesta preciosa sólo con guindillas de diferentes colores, blancas, amarillas, rojas...
P. ¿Y la Reina?
R. Ella es más sana, más de ensaladas. Le encantan los berros.
P. Volviendo al barrio, ¿Ha cambiado mucho desde que usted lo recuerda?
R. ¡Vaya si ha cambiado! Mire, yo nací aquí en la frutería. Antes, casi todos los comercios eran con vivienda. Al anochecer se sacaban las sillas a la calle y se charlaba.
El punto de encuentro del barrio eran Recoletos y La Castellana. Recuerdo a las amas perfectamente uniformadas bajar al paseo empujando los carros de los bebés. Hoy ya nadie se conoce. Los negocios son firmas extranjeras que cambian cada dos por tres de dependientes. Aunque no creo que todos los cambios sean malos, para el negocio en absoluto lo son. Y desde luego nadie pasea ya cochecitos de bebé.
P. Por último una curiosidad: ¿Cuánto tiempo tardan en montar el escaparate?
R. Cada mañana unas 3 horas. Ya le he dicho que esto es amor al negocio.
P. Y arte, Don Félix, y arte.
R. Si usted lo dice...
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