Un empleado sueco de los servicios municipales que eligió como regalo por llevar 25 años en la misma empresa un retrete nuevo ha llevado a los altos cargos gubernamentales a replantearse las normas para recompensar la fidelidad de sus empleados.
Tradicionalmente, las autoridades locales de Gnosjö (Suecia), una pequeña urbe de alrededor de 10.00 habitantes, solían dejar que fueran los mismos empleados los que eligiesen su regalo. Lo habitual, en estos casos, es que la empresa (ya sea pública o privada) recompense al trabajador con algún objeto neutro y de un valor entre lo dudoso y lo desorbitado.
Pero en Gnosjö decidieron dar a elegirlo siempre y cuando éste no sobrepasara el precio de un reloj de oro. Recientemente, uno de estos empleados, en perfecto uso de las facultades que le habían sido otorgadas, eligió como regalo por sus leales 25 años de servicio a la empresa un retrete nuevo.
La reacción de las autoridades, cuando se conoció la noticia, fue decir que esta política laxa de regalos "se les había ido de las manos". Y automáticamente reducir el abanico de los posibles obsequios a relojes, pulseras y objetos similares.


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