Hawa Mint Cheik El Bou se desmayó a las puertas de un tribunal en Cádiz después de que le fuera comunicada la sentencia el martes, y fue ayudada por una multitud de inmigrantes del país norteafricano, que llevaban carteles en los que pedían respeto por sus costumbres.
La mujer fue condenada por participar de violación, coerción y amenazas. Su marido fue condenado a 18 meses de cárcel y el hombre que se casó con la menor recibió 13 años y medio de prisión.
Pese a que los tres negaron haber forzado a la niña a tener relaciones sexuales, el hecho de que haya quienes apoyan el matrimonio con una menor - una práctica común en Mauritania pese a no ser legal en ese país, según las Naciones Unidas - alentará el debate sobre cómo puede la sociedad española integrar a una población inmigrante cada vez más numerosa.
'Os respetamos en nuestra tierra, respetadnos en vuestra tierra', decía uno de los carteles que llevaba un grupo de mujeres mauritanas a las puertas del tribunal gaditano, muchas de ellas ataviadas al modo tradicional mauritano.
El proceso comenzó cuando la hija española de Hawa, que entonces tenía 14 años, contó a las autoridades que sus padres la habían llevado a Mauritania para forzarla a casarse con un hombre de 40 años y a tener relaciones sexuales con él antes de volver a España, donde fue forzada de nuevo a dormir con él, dijo.
Los padres de la menor aún no han sido encarcelados a la espera de la apelación, pero el otro hombre lleva detenido desde 2007.
El abogado de la defensa aseguró que sus clientes eran inocentes de cualquier delito de agresión sexual y que la joven, que ahora tiene 17 años y está al cuidado de una familia española, había mentido respecto a que fue obligada a mantener relaciones sexuales.
'La niña lo que hace es fabular', dijo José Álvarez a Reuters el miércoles.
'Mantenemos absolutamente la inocencia de mis tres defendidos', indicó, añadiendo que iban a apelar ante el Tribunal Supremo.
El incremento de la población inmigrante ha generado inquietud en España, donde suponen un 10 por ciento del total, en un país en el que a principios de los 90 apenas había extranjeros.
Durante la campaña electoral del año pasado, el Partido Popular pidió que los inmigrantes fueran forzados a observar las costumbres españolas, incluida la igualdad sexual.
Más recientemente, los temores sobre el creciente desempleo llevaron al Gobierno socialista a ofrecer incentivos a los inmigrantes para volver a sus países de origen y endureció los trámites para obtener la residencia en el país.
El presidente de una asociación de inmigrantes mauritanos dijo que España debería respetar las costumbres mauritanas e islámicas, pero que los ciudadanos que viven en el país también deberían cumplir su ley.
'Una cosa es la cultura y otra cosa es la ley', dijo Cheij Yuba Abdel Kadaer, del Colectivo de Mauritanos en España, a Reuters.




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