En la célebre paradoja del filósofo Zenón de Elea, el héroe Aquiles nunca logra alcanzar a la tortuga. En la versión contemporánea de esta aporía, el Coyote nunca logra atrapar al Correcaminos.
Pero igual que para la paradoja presocrática se han desarrollado ingeniosas soluciones matemáticas positivas, para la historia del terco Coyote y el escurridizo Correcaminos se ha concebido un final feliz. Feliz para el perseguidor, claro.
Un grupo de dibujantes y guionistas se ha apiadado del carnívoro y accedido a satisfacer sus deseos cinegéticos (la Warner Brothers ya ofreció un capítulo de la serie en la que el Coyote atrapaba de una forma un tanto peculiar a su eterno enemigo) con un final alternativo al clásico.
Ni cohetes a dudosa reacción marca Acme ni rocas lanzadas desde abruptos precipicios, finalmente una falsa carretera pintada sobre una pared ha frenado en seco, y para siempre, al veloz pajarraco que, según Wikipedia, responde a un prototipo sacado de un ave real, el Geococcyx californianus.

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