Millones de africanas quieren tener la piel blanca. La razón es que consideran que un cambio de color de piel les brindará más oportunidades y, además, realzará el atractivo de su belleza. Los métodos que las mujeres negras del continente utilizan para aclararse artificialmente la piel van desde el uso de cosméticos más o menos abrasivos a lejías y mercurio, informa el diario El Mundo.
Como gran parte de los métodos usados sobrepasan la legalidad, muchas mujeres acuden a centros ilegales que suministran tratamientos de dudosa certificación. Es lo que sucede, por ejemplo, en un barrio de Nairobi (Kenia). “Quiero estar más guapa, quiero ser blanca”, afirma una de la clientes de este local a un reportero del diario español.
La ley prohíbe el comercio de productos que contengan lejías, esteroides o mercurio, sustancias que aplicadas pueden provocar desde cáncer de piel a infertilidad. Muchas de estas lociones, además, remiten en sus instrucciones de uso o de servicio al cliente a páginas webs inexistentes, con lo que la reclamación por posibles efectos secundarios es casi una opción utópica.
En Kenia, República Democrática del Congo, Sudán, Egipto y otros países del continente los ungüentos milagro que dicen mutar la piel del blanco al negro en poco tiempo están a la orden del día entre muchas ciudadanas, especialmente las jóvenes. Este tipo de cosméticos aparecieron en Suráfrica durante la década de los sesenta, al albur del Apartheid, y aunque es cierto que suaviza el color de la piel, a largo plazo provoca quemaduras, irritaciones y otros efectos, algunos perennes.




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