La cumbre del G-20 supondrá además la primera gran cita internacional del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que estará quizás bajo mayor presión que ningún otro para demostrar que el país donde empezó la crisis puede liderar la salida de la misma.
Washington está tratando con insistencia de que otros gobiernos inyecten más dinero en programas de estímulo económico, mientras Francia y Alemania dicen que no quieren que esto distraiga de la necesidad de regular y controlar los excesos de los mercados financieros.
Obama, que también quiere distender las relaciones con Moscú y sumar apoyos para una nueva estrategia en Afganistán, se verá con sus homólogos ruso, Dimitry Medvedev, y chino, Hu Jintao, entre otros líderes, antes de que los dirigentes del G-20 se reúnan a cenar en el Palacio de Buckingham.
La policía está en alerta para evitar cualquier tipo de violencia en las manifestaciones programadas, una de grupos antibelicistas y otra que, según páginas web, se dirigirá al distrito de la City de Londres, un símbolo del sistema de mercado financiero que ahora centra gran parte de la indignación de la opinión pública.
El primer ministro británico, Gordon Brown, anfitrión de los líderes del G-20, cuyas economías suponen más del 80 por ciento del comercio mundial y producción económica, está decidido a declarar el éxito de la cita cuando todo finalice el jueves, pese a algunas dificultades claras.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, dice que esta vez los líderes, que celebraron una primera cumbre sobre la crisis en noviembre, deben hacer más que renovar los compromisos de restablecer el crecimiento y tomar duras medidas contra los excesos del mercado financiero.
En unos comentarios preparados para su publicación en varios periódicos, Sarkozy dijo que los gobiernos habían realizado 'esfuerzos gigantescos' en respuesta a la crisis económica, pero aún se necesitaba mucho trabajo para evitar otros desastres de este tipo.
'El fracaso no es una opción, el mundo no lo entendería y la historia no nos perdonaría', aseguró, añadiendo que podrían necesitarse reuniones más allá de Londres lograr ese objetivo.
Algunos medios sugirieron que Sarkozy estaba dispuesto a abandonar la cumbre si no se salía con la suya, y su responsable de Finanzas dijo que no firmaría nada que no aprobara, aunque fuentes oficiales en París se tomaron a risa la idea de una salida dramática.
Sarkozy y la canciller alemana, Angela Merkel, quieren que se logren resultados visibles sobre regulación, como controles más estrictos de los 'hedge funds' y agencias de calificación de crédito y arremeter contra los paraísos fiscales si no ceden a la presión y ponen fin al secreto bancario.


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