Anoche viví en el aeropuerto del Prat la que sin duda ha sido la experiencia más traumática de mi vida como usuario de ese medio de transporte tan seguro que son los aviones.
Fue espeluznante y me dejó sin ganas de nada, sudoroso y con el ánimo partido en dos
18:00
Salimos de Madrid en medio de alguna
confusión a las 18 horas, puntuales como un reloj. Se oían rumores de
tormentas en Barcelona, pero el puente aéreo operaba con normalidad
hasta ese momento (en dirección Barcelona). Fue un despegue tranquilo a
bordo de un MD 81, que si bien es un buen avión, por su configuración
no es de los que más me gusten, y menos en tormentas o turbulencias (es
largo en exceso y estrecho además de llevar el motor demasiado atrás
para mi gusto).
18:45
Vuelo tranquilo con el dato curioso de la
presencia del Sr. Santiago Segura en el mismo avión unas filas más
atrás. El comandante avisa de alguna actividad tormentosa y de
previsibles turbulencias. Estamos cerca ya de Barcelona y parece otro
aterrizaje más.
19:15
Seguimos en el aire esquivando altas
nubes de tipo cúmulos, y dando vueltas. Vemos tormentillas y abundante
tráfico. El comandante menciona la posibilidad de ir desviados a
Valencia entre otros destinos. Entre las nubes es visible una
grandísima manga (un tornado sobre el mar). Es increíble el ver cómo
levanta agua de mar a tanta altura. ¡Muy espectacular!
Comenzamos el descenso: flaps a unos 20º, y tren de aterrizaje fuera… Bandazos de un lado a otro, subidas y bajadas y en la nueva pista del Prat, con el mar cerquísima. Justo en el momento de tocar tierra comenzamos a escorarnos a la derecha hacía el mar. Algún grito y todos nos miramos. El avión intenta remontar el vuelo ya sobre el mar. Meneos varios, y sobre los planos sólo acertamos a vislumbrar no uno, sino dos tornados uno en cada lado.
¡Queremos volver a Madrid!
Obviamente, el piloto logra remontar el vuelo y de nuevo nos vemos dando saltos sobre el litoral catalán. ¡Gritos! ¡Peticiones de volver a Madrid! Y la puerta de la cabina abierta de par en par. Escuchamos al comandante hablar con la torre. Lo volverá a intentar el buen señor.
19:50
Nueva aproximación. Al fin entre dos
tornados al más puro estilo de Hollywood tomamos tierra en el Prat.
Aplauso, alivio. Indescriptibles emociones. Ya más tranquilos en
rodadura a la terminal nos alerta el comandante de los tornados que
hemos sufrido. De pronto uno de los tornados nos enfila al avión.
Escuchamos nuevos gritos del piloto: "Holding Short runaway 7Y" El
tornado que viene. La gente muy nerviosa comienza a levantarse dentro
del avión: unos gritan otros miran con asombro. Algunos sacan fotos con
sus móviles de última generación, hay verdadero respeto entre el
personal.
Yo me agarroto en mi asiento y aprieto más si cabe mi cinturón de seguridad. Nos movemos y el tornado pasa de lado e impacta con la terminal rompiendo cables con el consiguiente y espectacular chisporroteo de cables, levantando en el aire carritos de maletas y lanzando por el aire numerosas maletas que esperaban ser cargadas el algún avión. Una pared de la terminal de carga que cede y cae violentamente, el tejado que se levanta en un amasijo de hierros.
Varios tornados, hasta cuatro llegamos a contar, nos rodean y la terminal aún no está cerca
Detienen el avión y una jardinera dispuesta a acercarnos a la terminal se incorpora rauda y cuidadosa. La pista es tá empapada y el cielo está negro. No hay más aviones con pasaje que el nuestro.
La pesadilla continúa en tierra
Bajamos con las piernas débiles y temblorosas del esfuerzo en medio de una fina lluvia y aún sin haber subido aún a la jardinera uno de los tornados toca tierra a unos 200 metros de nuestra posición levantando un vehículo de asistencia. Nuevos gritos y muchas carreras por meter todo el mundo en la jardinera para llegar a una terminal en la que numerosos taxistas sacan fotos con sus móviles y se refugian de las posibles consecuencias de los susodichos tornados.
Terrorífica experiencia de alguien que ya había visto tornados en sus años de residente en EEUU, pero nunca tan de cerca ni tan inseguro. He visto asustarse al personal. He escuchado al piloto hablar a la torre y he sido contagiado del terror de la gente. Risas nerviosas, gritos, abrazos y hasta aplausos al bajar del avión. Mucho sudor y ganas de soltar alguna lagrimilla que otra. Nuestro vuelo fue el último en aterrizar en un aeropuerto que estaba cerrado al tráfico aéreo. Éramos los únicos en la pista, y pasamos mucho miedo.
Esto lo vivimos anoche en un vuelo que al final nos llevó más de 130
minutos y que vio en mis ojos unas imágenes propias de cualquier
superproducción americana de esas de cine tan fatalista tan de moda
hace unos años.
Hoy estoy más tranquilo, pero aún cansado y abrumado
por los acontecimientos de ayer. Pensé en lo peor y la verdad me vi tan
a la merced de los acontecimientos que yo creo que la pura impotencia
me superó.
NOTICIAS RELACIONADAS
- VÍDEO: Tornado en Castelldefels (Enviado por Vanesa Viadel)
- FOTOGALERÍA los tornados vistos por los lectores
- Josep: "Una especie de trompa ha empezado a llevarse carteles"
- Mándanos tu foto del tornado
- No se descartan más, aunque son impredecibles


El paro baja en mayo en 30.113 personas
Valladolid, Alcorcón, Hércules y Córdoba pelearán por la plaza de Primera
Cancelan el programa de Ramón García
170 playas catalanas son de alto riesgo en seguridad
Bruce Springsteen clausura el Rock in Rio de Lisboa y desata la locura
España lidera el uso de 'smartphones' en Europa
Los mineros retoman con fuerza sus protestas



¡Sé el primero en hacerlo!