Según la investigación que ha llevado a cabo la NSTB estadounidense, existen componentes en el motor del modelo 777 que podrían provocar accidentes similares en otras aeronaves. En el incidente de Heathrow, el avión de BA perdió potencia durante el descenso a tierra lo que provocó un aterrizaje de emergencia que se saldó con un herido grave y dos leves.
Posteriormente, se produjo un segundo accidente similar en un avión de Delta Air Lines el pasado 26 de noviembre que operaba la ruta Shanghai a Atlanta. El piloto advirtió sobre una pérdida de potencia en el motor durante el vuelo mientras sobrevolaba Montana, aunque en este caso consiguió aterrizar sin problemas siguiendo procedimientos de emergencia.
Al parecer el fallo que se produjo en ambos incidentes está relacionado con la formación de hielo en el sistema de combustible FOHE que obstruye los conductos y que puede hacer caer el avión en picado si no se corrige de manera rápida.
Por ello, la NTSB ha dado instrucciones al fabricante del motor, Rolls-Royce, para que vuelva a rediseñar estos componentes y ha advertido a las aerolíneas de que se aseguren de incluir la nueva versión en todos los motores afectados en cuanto tengan oportunidad.


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