«Nuestra lucha es por un pedazo de tierra». Juan es un fruto arrancado en Bilbao. Tiene 45 años. Vive en la capital vizcaína desde agosto como asilado político. Le quieren muerto en su país, Colombia.
Su historia empieza en las montañas del país andino. Él era el máximo responsable de la Educación en una población indígena de 4.000 familias. Su pueblo está declarado en paz, pero es el campo de batalla entre el ejército colombiano y la guerrilla de las FARC.
Estos últimos le obligaron a meter a su pueblo en sus filas. Juan les dijo que su comunidad no entraría en ninguna facción. Pero, en verdad, no tenía opción. Un día, unos guerrilleros de las FARC le cogieron a la salida de un pueblo. Le apuntaron con sus fusiles. «¿Crees que esto es broma?», le dijo uno de ellos. «Verás cómo mata», añadió mientras apuntaba a una niña que iba a por agua. «No; os creo, haré lo que digáis».
Juan tuvo que abandonar su pueblo so pena de muerte para él, su mujer y sus tres hijos. Las FARC ya habían matado a dos compañeros suyos. Se metió en un vuelo Bogotá-Madrid con visado de turista. «Huí a un país con mi mismo idioma». Era agosto de 2008. En el avión, se sentó con él un colombiano afincado en Bilbao. «Me habló bien de la ciudad y me dije: ‘Bueno, no tengo nada, para allá me voy'».
Hoy vive en Bilbao La Vieja. Su solicitud de asilo está en trámite. Si se lo niegan, quedará como inmigrante sin papeles. De su tierra le quedan sus brazos recios, piel tostada y un brillo en los ojos. Destello de lágrimas por el recuerdo, y esperanza por el futuro.
108 solicitudes en Euskadi en un año
Juan lo tiene difícil. Está esperando a si el Gobierno español admite a trámite su solicitud de asilo. Si la acepta, esperará unos dos años para obtener contestación. En el 95% de los casos, la respuesta es «no», según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
En 2008, Euskadi registró 108 solicitudes de asilo. «Se niega el refugio a personas inocentes en riesgo de ser torturadas, violadas o asesinadas», lamenta una portavoz de CEAR-Euskadi. Además, el Consejo de Ministros ha aprobado un proyecto de Ley de Asilo que minimiza al máximo la figura de asilado político. Entre otras cosas, elimina la posibilidad de solicitar asilo desde las embajadas.
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