Primero se atrevió a vivir durante tres semanas entre cartones para conocer la cruel existencia de los sin techo. Ahora, Samanta Villar deja de comer y se mete en la piel de personas con anorexia y bulimia. 21 días parte de una premisa clara, pero a veces cuestionable: "No es lo mismo contarlo que vivirlo".
No es lo mismo contarlo que vivirlo
Durante este viaje psicológico, Samanta no estará sola. Un equipo de la Unidad de TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria) de un hospital madrileño le realizará controles médicos y vigilará que la periodista no cruce la delgada línea... Pero el riesgo de la experiencia es muy alto.
Días después de someterse a ella, Samanta, quien perdió más de seis kilos, comienza a desarrollar conductas asociadas a la enfermedad. Obsesión, falsa seguridad en sí misma, ansiedad e incapacidad para reconocer los síntomas del inicio de un trastorno que podría derivar en grave. En ese momento, los médicos le recomiendan que concluya el vivencial.
El programa se desmarca de otros reportajes sobre trastornos alimenticios. En lugar de mostrar los típicos casos de adolescentes, la audiencia verá cómo una dieta mal llevada conduce a mujeres de más de treinta años hacia esta enfermedad.
El cannabis: sus efectos
En el próximo reportaje, Samanta Villar da un paso más. De forma ininterrumpida y durante tres semanas, la periodista catalana fumará cannabis para comprobar los efectos prolongados de esta droga.

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