La centrista Tzipi Livni, ganadora de las elecciones en Israel por un solo escaño, y el conservador Benjamín Netanyahu han comenzado los contactos para formar gobierno, una pugna con la derecha de posible árbitro.
Israel ha amanecido en un limbo político, que se refleja en las conversaciones de la calle y los comentarios de los medios de comunicación, que destacan la confusión reinante entre el electorado y la sensación de que todo es posible y que la balanza se puede decantar por uno u otro bando; o los dos al tiempo.
Tras el recuento de votos, los probables aspirantes a primer ministro, Livni y Netanyahu, siguen compitiendo después de dejar las urnas atrás, esta vez a la caza de aliados para formar gobierno.
Con el 99% de los votos escrutados, el partido centrista Kadima que lidera Livni se coloca en primer lugar con 28 escaños de los 120 que componen el Parlamento israelí (Kneset), seguido por el derechista Likud de Netanyahu, con 27.
El complejo sistema parlamentario obliga a los aspirantes a primer ministro a formar coaliciones con otras formaciones, siendo a priori Netanyahu, según varios analista políticos, el que podría disfrutar de una mayoría más estable comparado con el Kadima.
Los palestinos, escépticos ante los resultados
Por otro lado, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) cree que el resultado de las elecciones no ofrece garantías para que prosiga el proceso de paz en Oriente Medio.
"Los resultados no tienen suficientes elementos para hacer la paz", afirmó en un comunicado Saeb Erekat, jefe negociador palestino.




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