El estudio se basó en un seguimiento de 7.000 niños nacidos entre 1991 y 1992, y tuvo en cuenta los datos meteorológicos de esos años para determinar el grado de exposición al sol que las madres pudieron recibir en el último trimestre del embarazo.
También se repasaron los datos sobre los niveles de vitamina D en la sangre de 350 madres en la semana número 37 de gestación.
La evidencia es que a los 10 años, los niños -hoy adolescentes- nacidos en agosto y septiembre eran 0,5 centímetros más altos que los nacidos en primavera e invierno y tenían un área ósea 12,75 centímetros cuadrados mayor, es decir, huesos más grandes.
Los investigadores recordaron que por norma general las personas más altas tienen huesos más grandes, pero en el caso de estos niños el volumen óseo era mayor del atribuido únicamente a la estatura.
La conclusión es que estos niños estuvieron expuestos a mayores niveles de vitamina D, elemento que contribuye a la construcción de los huesos junto al calcio, a través de la exposición al sol de la piel de sus madres al final del embarazo en los meses más soleados.
Este estudio forma parte de un proyecto más amplio, conocido como Estudio Longitudinal Avon de Padres e Hijos (ALSPAC por sus siglas en inglés) o "Niños de los 90", en el que se enrolaron 14.000 mujeres embarazadas del Reino Unido en 1991 y 1992, y que hace un estrecho seguimiento de estas familias desde entonces.

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