Rara vez hablamos de grandes clásicos y desenterramos muertos en la revista, pero Francis Bacon (1909-1992) impone una excepción.
La grandiosidad de su obra y la profundidad de los retratos que hizo del ser humano aún sirven de espejo donde ver nuestros más hondos conflictos. Autoetiquetado de surrealista, fue más allá de la figuración expresionista, llenando de hondas emociones y turbulencias una obra que retuerce hasta el extremo al ser humano. «El arte más grande te devuelve siempre a la vulnerabilidad de la situación humana», dijo.
Y esa sacudida se intensificará en el Prado con setenta de sus obras imprescindibles, por su centenario.
FRANCIS BACON. Madrid / Museo del Prado / Hasta el 19 de abril / www.museodelprado.es


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