Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), y Gilberto Madaíl, su homólogo portugués y gran impulsor del proyecto, acordaron hoy en Lisboa presentar una candidatura conjunta para organizar la fase final de la Copa del Mundo de fútbol de 2018; en caso de fracaso, se insistiría en la de 2022.
«Juntos somos muy fuertes y podemos dar muchas cosas al mundo; esta candidatura es más fuerte junta que separada», explicó Villar. Esta misma percepción tienen en el país vecino, donde una amplia mayoría de la población está a favor del «Mundial Ibérico»; también tiene sus detractores, algunos ilustres y partidarios de no gastar en plena crisis económica, como Aníbal Cavaco Silva, presidente de la República de Portugal.
El país vecino ya ofreció a España la posibilidad de organizar conjuntamente la Eurocopa de 2004.
Ahora, las dos federaciones tienen que formalizar la candidatura ibérica ante la FIFA, donde presentarán no más tarde del 2 de febrero un dossier. Inglaterra, Rusia, Bélgica-Países Bajos, Australia o Estados Unidos han mostrado su interés por acoger este Mundial.
La Mesa de Turismo Española, incluso, ya hace sus cálculos: dos millones de turistas visitarían España si organizase, junto a Portugal, el Mundial de fútbol de 2018, lo que supondría una inyección de 1.800 millones de euros para la economía española. El gasto medio alcanzaría los 900 euros.

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