El acto está a punto de terminar. El público aplaude entregado, no se sabe muy bien si al hombre que, en solitario, vestido con sus ya clásicos vaqueros y jersey negro de cuello alto, ha ocupado el escenario durante la última hora, o a los productos que acaba de presentar. Y entonces levanta la mirada, y cuando parece que va a despedirse, Steve Jobs dice One Last Thing... (Una última cosa...). Y la magia de este maestro de la comunicación vuelve a hipnotizar a fanáticos de Apple, medios y analistas con un producto inesperado, una sorpresa.
Es una escena varias veces repetidas en las ferias y presentaciones de la marca de la manzana, un ejemplo de como Jobs ha llegado con los años a controlar hasta extremos insospechados el estado de ánimo de los usuarios de los productos de Apple. Su carisma y control de la situación se echarán de menos ahora que ha anunciado su retirada temporal, tanto en la compañía como en el sector, que en pocos meses ha perdido a dos pesos pesados como él y Bill Gates.
A parte de su capacidad para motivar y convencer sobre las bondades de sus productos, se le deben reconocer dos destacados logros a Jobs. Junto a Steve Wozniak creo Apple y su apuesta por los ordenadores con interfaz gráfico revolucionó el sector y acercó la informática a todos los mortales. Fue en 1984, con el lanzamiento del primer Macintosh.
Se incorporó a la compañía en 1997 cuando la cuota de mercado de Apple no superaba el 3% y ahora ha pasado a tener dos dígitos. Más aún, Apple ya no es sólo una compañía informática, es una empresa de medios, de entretenimiento, un club exclusivo con 30 millones de clientes, si es que eso es posible. Pero ellos así lo creen.
Y todo ello gracias al lanzamiento y posterior éxito, de su mano, de artilugios como el iMac (1998), el Macbook, el iPod, artífice de la resurrección de Apple en 2001, o su última contribución a la locura colectiva por Apple, el iPhone. En todo el proceso de creación de estos productos estuvo presente su toque, su obsesión por la perfección, por el buen diseño, la usabilidad perfecta, los materiales de calidad, por crear la sensación de exclusividad.
Puede que Apple pierda todo ello con su marcha, ya sea temporal o definitiva. Puede que la cultura de empresa que ha creado crezca y se desarrolle más allá de su persona. O puede, quien sabe, que Jobs aún guarde en la manga una última sorpresa.

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