Eso es lo que ofrece el Astor Lounge, una sala de la Ku'Damm, la avenida del oeste de la capital, que en tiempos del Muro fue centro por excelencia del sector occidental y que ahora quedó algo desplazada por la competencia del revitalizado este.
El Filmpalast, como se llamó durante décadas, se ha remodelado y reabierto esta semana bajo esa nueva denominación, dispuesto a plantar cara a la crisis ofreciendo al visitante unos cuantos extras inimaginables en cualquiera de los multicines de la ciudad.
"Espacio para estirar las piernas tanto como dé de sí el cuerpo", explicó su propietario, Hans-Joachim Flebbe, "tartas de chocolate y vainilla de verdad, con capuccino de cafetera italiana, o nuestra selección de 'Delicatessen' a la carta".
Por supuesto, lo único que incluye el precio de la entrada es el placer de extender las extremidades, además de la butaca de piel y una copa de bienvenida -espumoso alemán o un cóctel sin alcohol-, servicio de guardarropía y algún que otro detalle más.
El catering -con menús cinematográficos, del Cinecittá con terrina de anguila y vieiras gratinadas, al Babelsberg de medallón de cerdo y sushi- se suma al total, lo mismo que los "longdrinks" o copa de "Veuve Clicquot" que uno decida tomarse.
"Nuestra oferta es para todo tipo de público", explica el propietario. Es la primera sala comercial de estas características de la capital alemana, a modo de experiencia piloto, añada Flebbe.
La película pensada para el estreno viene como anillo al dedo: Australia, el dramón dirigido por Baz Luhrmann, con Nicole Kidman y Hugh Jackman, un cine en gran formato de 166 minutos algo desfasado que estas fechas y en butaca abatible se digiere bien.


















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