Poco antes de las 11.00, hora de inicio del festejo (que se adelantó una hora respecto a años anteriores), la muchedumbre se concentró en la plaza del pueblo y calentó motores con la torta y el vino que ofreció el Ayuntamiento.
Los atuendos confeccionados por los participantes para protegerse de los tomatazos fueron de lo más variopintos. Desde ropas viejas que terminaron en la basura hasta disfraces de todo tipo. También hubo grupos que acudieron con la tradicional indumentaria blanca.
Cinco camiones a tope
El estallido de una carcasa a las 11.05 horas anunció la llegada de los cinco camiones que transportaron las 130 toneladas de munición en forma de tomates maduros.
En ese momento se desató la locura entre los asistentes, que no cesaron de bombardearse, mientras otros se dedicaron a tirarse y revolcarse entre las montañas de tomate que se amontonaban tras el paso de los vehículos.
Al mismo tiempo, los vecinos se encargaron de regar desde sus balcones a los asistentes con mangueras y cubos de agua. Las calles del pueblo se convirtieron en una marea roja de diversión.
La contienda terminó sin incidentes graves, según el personal sanitario, y con miles de personas lavándose en las duchas municipales y en el río.
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