El atentado, en el que murieron civiles y policías, se produjo durante una visita sorpresa del primer ministro británico, Gordon Brown, que se reunió en Bagdad con el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki.
Las explosiones se produjeron en el barrio de Nahdha, en el centro de la ciudad, cerca de una comisaría de tráfico y un hospital.
La violencia se ha reducido de forma drástica en Irak, donde la invasión liderada por Estados Unidos en 2003 inició años de baño de sangre sectario y ataques insurgentes. Pero los coches bomba, los asesinatos y otras formas de violencia siguen siendo rutina.
Las fuerzas de seguridad iraquíes, que están asumiendo cada vez más responsabilidades mientras las tropas estadounidenses preparan su retirada para finales de 2011, son objetivos frecuentes de los ataques. El lunes, nueve policías murieron en Bagdad en un atentado suicida.
Brown llegó a la ciudad el miércoles por la mañana, en su cuarta visita desde que asumió el cargo. Durante su reunión con su homólogo iraquí, discutió los planes de retirada de los 4.100 soldados británicos que permanecen en el sur de Irak, y que dejarán la zona para finales de 2009.
Los atentados del miércoles estaban a una cierta distancia de la fuertemente fortificada Zona Verde, al otro lado del río Tigris, donde se produjo el encuentro de los mandatarios.

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