La renovación del pavimento en algunas zonas del Albaicín estuvo a punto de llegar a los tribunales hace unas semanas, al sustituirse parte del tradicional empedrado por losetas y bandas de hormigón intercaladas.
Pero no es el único signo de identidad urbana que se está perdiendo en el barrio. Los ancestrales poyetes, que, además de dar seguridad a calles y escaleras, sirven de asiento e incluso lugar de reunión vecinal, están siendo sustituidos en algunos puntos por barandillas de metal.
«Las barandillas no pegan en un barrio como este y, además, pueden ser peligrosas en una zona con desnivel, porque los niños se pueden colar por sus huecos», explica Manuel Castellano, vecino del barrio y albañil jubilado.
«Aquí siempre ha habido poyetes de mampostería, de hasta 90 centímetros. Yo he levantado muchos, y lo que están poniendo ahora, tratándose de un barrio Patrimonio de la Humanidad, es una aberración», se queja.
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