Ocurrió hace un mes. Giglio Pascal Cortés Ramírez, un chileno de 35 años, se encontró en su página de la red social Facebook una solicitud de amigo que le llamó poderosamente la atención. "¿Agregar a Pablo Cortés como amigo?".
"Me puse muy nervioso, sentí dudas. No estaba seguro de si era mi hijo o no", ha confesado Giglio al diario argentino Clarín . A Giglio le costó hacerse a la idea de lo que estaba ocurriendo. "No pude aceptarlo enseguida", asegura.
Tras cuatro días pensando qué hacer, decidió aceptar la solicitud. Al día siguiente su hijo le escribió un mensaje: "Aló, ¿cómo has estado?".
Ahora chatean y se mandan e-mails. Pero, según Giglio, ambos son concientes de que Internet no es la mejor forma de conocerse. "Planeamos reencontrarnos y ser amigos de verdad", ha declarado Giglio.
Giglio dejó de ver su hijo en 1995, cuando se separó de su madre en Santiago. Tenían problemas familiares y se distanciaron: ellos se fueron a vivir al norte del país. "Nunca más volví a tener contacto con ellos. Intenté buscarlos por todos lados y nunca lo logré. Así que rehice mi vida", cuenta.


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