Este presunto abuso policial, uno de los que motivaron la instalación de cámaras de vigilancia en las comisarías de Mossos, el ministerio público mantiene que la rotura del brazo se produjo cuando los tres mossos intentaban colocar las esposas a la víctima, Aliou Bobo. El caso ocurrió en abril de 2006, cuando, según el relato del joven senegalés, diez mossos se le abalanzaron y le propinaron una "lluvia de golpes" hasta que, de una patada, uno de ellos le rompió el brazo.
Aliou Bobo permaneció una hora esposado y pidiendo a gritos ayuda y un médico, hasta que los Mossos decidieron llevarlo al ambulatorio. A raíz de la fractura ha perdido la fuerza en un brazo, lo que le impide trabajar en la agricultura o la construcción.
Los mossos aseguran que no se percataron de la fractura y que no entendían los gritos porque articulaba pocas palabras en español. Sin embargo, la enfermera que lo atendió ha afirmado que tenía "una gran deformidad en forma de zeta" en el brazo y que se expresaba "perfectamente en castellano".


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