Abierta, conversadora, sonriente y servicial, María Jesús Galán frunce el ceño entre risas cuando se le define como "sor Internet", un término que le queda corto porque, afirma, sin dejar de reirse, que en realidad es "sor muchas cosas" y "como Petra, criada para todo".
A la inquieta monja la era tecnológica le ha servido para abrir esa gran "caja de sorpresas" que dice que es el convento de clausura toledano de Santo Domingo El Real (1364) en el que entró, llamada por la Fe, en 1976. Internet llegó al convento en el año 2000, cuando su banco les sugirió a las monjas la idea de revisar sus cuentas por esa vía y así se ahorraban los desplazamientos a la entidad. "Antes tenías que salir y ahora no. Simplemente consultas los saldos y haces las transferencias por Internet", dice.
"En Internet encuentras lo que quieres si vas con una mirada limpia" afirma la religiosa
Sor María Jesús ha introducido Internet en el resto de la comunidad. En otros conventos, el ordenador lo tiene la priora, pero en el de Santo Domingo está en la sala de labor "como un mueble más", afirma con toda naturalidad. "La mayoría (de las monjas) ni entienden. Tengo de protector de pantalla 'Mis Imágenes' y así todas ven las fotos que les mandan sus familiares", y afirma, siempre entre risas, que "les echo en cara que todas abren el correo ¡y ninguna contesta!".
Apenas hay tiempo en su "recreo" para perderlo en Internet y las monjas lo usan para lo más básico, como leer la prensa o ver el estado de tiempo si se lo han perdido en "la tele del Golfo", llamada así porque la compraron para enterarse de lo que pasaba en la primera guerra del Golfo Pérsico en 1991.
Está claro que sor María Jesús es la que más se beneficia de la red porque es una herramienta útil para buscar la traducción de una palabra del latín, navegar por el buscador de la Iglesia, bajarse recetas de cocina u obras de teatro de Tirso de Molina "que era -dice- vecino y amigo del convento".
Joyas bibliográficas 'fichadas' en el PC
A sus 51 años es la orgullosa archivera del convento, pero también su historiadora, contable, cocinera alterna, costurera, consejera y amiga de las otras quince monjas y postulantes que alberga el viejo convento, que en otros tiempos acogió a 160 hermanas. Comparte la enorme casa con monjas y postulantes keniatas, una colombiana y el resto españolas, "de 24 a 80 y muchos años".
Internet sirve para las citas médicas, las traducciones o la gestión de cuentas en el bancoRecibe con café y exquisitas pastas que ella misma hace, en la pequeña celda que contiene su "joya", que es la valiosa biblioteca-celda que cobija libros que provocan temblor en las manos al cogerlos, como un breviario de 1382, encontrado, emparedado, entre los gruesos muros del convento. Su otro rincón favorito es lo que llama "pescadería", un espacio también reducido llamado así porque en otro tiempo era donde se hacía la salazón del pescado y hoy alberga documentos de los siglos XII y XIII y otra obra singular: El Becerro, de 1568.
Sor María Jesús tiene todo este valioso material meticulosamente inventariado en fichas en el ordenador personal de la biblioteca, y más de cien libros, incluido El Becerro, los ha ido escaneando pacientemente y forman parte del rico legado dominico.


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