Con el uso frecuente de Internet vamos proporcionando a diferentes servicios online datos personales, pequeñas migas de pan que son como un rastro invisible, que cualquiera puede recopilar y usar en su beneficio. Alrededor de estos datos existe toda una industria, que una vez analizados los pone a disposición de intereses económicos o políticos. Cada clic que realizas es un registro más en las bases de datos de estos analistas.
Esta investigación permanente de los ciudadanos de las sociedades conectadas no tiene lugar únicamente en Internet. Las empresas guardan también un registro minucioso de lo que compran sus clientes en los establecimientos físicos, y utilizan las tarjetas de fidelización para tenerles identificados. No han de pasarse por alto tampoco los registros públicos, las bases de datos estatales que la administración puede utilizar para trazar un perfil de cualquier sujeto.
En los comercios online, por ejemplo, queda registro de información tan valioosa como lo que compramos, cuánto gastamos, nuestro nombre, y las vueltas que damos en una web antes de decidirnos. Las empresas pueden acceder a todo tu historial en su web y determinar mediante análisis matemático tu sexo o nivel socieconómico.
El historial de navegación puede ser muy valioso, como demuestra una investigación de Tacoda que señala que es más probable que alguien haga clic en un anuncio de alquiler de coches si antes ha estado viendo obituarios. Quienes muestra mucho interés en Internet por el cine son más receptivos a las ofertas para viajes de fin de semana. Conociendo esto, es más fácil dirigir los anuncios a quienes les harán más caso.
El gran negocio de los datos
Baker cuenta que mediante la recolección y análisis de datos de todo tipo puede hacerse un buen negocio, y cita a la empresa Acxiom, que tiene información sobre 200 millones de estadounidenses. Le interesa toda la información relativa a las revistas y libros que leemos, o las vacaciones que nos tomamos, y paga por ellos a otras compañías.
Incluso Microsoft ha entrado en este mercado con un proyecto tecnológico que pretende ofrecer herramientas para conocer el estado de ánimo de quien se sitúa frente al ordenador. Un sistema que analiza el ritmo cardiáco, la piel, la expresión facial y otras variables para determinar cuál es su reacción anímica ante una página web o servicio online.
Y no hay que olvidar a los Gobiernos, que utilizan también las matemáticas sobre las bases de datos con información personal sobre los ciudadanos para detectar posibles amenazas. Baker ha hablado de ello con uno de los principales analistas de IBM, contratado por el FBI después de haber diseñado un software para detectar posibles tramposos en los casinos de Las Vegas. Ahora trabaja para el Estado intentando desarrollar un método para identificar terroristas.




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