Alguien que escribe versos como «la ventaja del diablo es que sabe / que el que vence no es el que mira a la cara a la muerte, / sino el que clava sus ojos en los ojos del límite / y se resigna, / y baja las armas a tiempo» es Un Poeta, sin titubeos ni adjetivos. O Una Poetisa, en este caso, aunque Laura Casielles dificulte las conclusiones de aquellos teóricos empeñados en separar a las niñas de los niños.
Los poemas de Soldado que huye, su debut —editado con mimo y buen gusto por el interesante colectivo universitario Hesperya—, describen y reflexionan, imitan a esos postres helados al primer contacto, y ardientes al morderlos.
Personajes literarios y mitos de las enciclopedias que cruzan a la vida de la carne, las mujeres anteriores o futuras que se maldicen y se envidian, y un soldado guerrero que concibe el traslado geográfico como un traslado sentimental, pues su batalla es la del amor y la vida: «Ajusten sus almas, comenzamos el descenso».
Hesperya / 64 páginas / 8 euros





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