Si fuese un gato, a Khady Koitia le quedarían aún cinco vidas porque ya ha vivido dos. La primera, en Senegal, incluyó una ablación de clitoris. En la segunda, que la ha llevado por media Europa desde 1975, estudió y llegó a la presidencia de la red europea contra la mutilación genital.
En una guerra hay bandos, pero en su lucha el enemigo son ciertas culturas. ¿Cómo se combaten?
Uno de los grandes problemas que tiene África es que el mundo mira hacia ella, pero no actúa. Y con la mutilación genital no se puede decir ‘es su cultura o su tradición no hay que intervenir’. Estamos hablando de niñas, de personas.
¿Se le arruga el corazón al ver que los gobiernos sí se unen contra la crisis?
Es otra excusa para no ver el problema. Es muy triste, porque en muchos países el mal ya parece algo cotidiano.
Usted la vivió, e imagino que en Europa también ve violencia machista.
En esto, Europa es el continente subdesarrollado. En las escuelas ya se crean machistas. Toda la sociedad es culpable, pero ha habido y hay mujeres en lucha; con eso sí logramos cambiar algo.
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