«Estoy aquí porque no tengo medios económicos para vivir». Las palabras de Gabriel Delgado retratan la situación de extrema miseria que ha llevado a cuatro indigentes a formar una peculiar familia, si así se puede definir, que comparten techo en una antigua granja de vacas en El Palamó.
El dueño de la finca les deja vivir allí mientras no venda su propiedad, un gesto generoso que, por ahora, constituye el único indicio de humanidad en un mundo que les ha dado la espalda.
Gabriel se paga los medicamentos que necesita para calmarse los dolores en la espalda con las propinas que se saca como aparcacoches. Hace unos meses, por ayudar a una mujer en silla de ruedas, se cayó y tuvieron que hospitalizarlo por las lesiones. Desde entonces, renquea y le quedan secuelas.
Para Mark Guy Durand y su mujer, Josianne Durand, ambos franceses, los problemas ahora son burocráticos: «Para tener asistencia social y una ayuda económica, nos dicen que hay que empadronarse, pero es difícil, porque estamos en la calle», se lamenta él.
Mark sufrió un accidente laboral en Castellón, estuvo de baja, pero luego le echaron a a la calle, despedido. El pasado 20 de septiembre intentó que se valorara su dolencia -tienen una úlcera en la pierna- en el Hospital General, pero no ha obtenido respuesta.
Mientras, su esposa acude a Cáritas, donde logra el coste de la mitad de los fármacos para él, y se planta en la puerta del supermercado a pedir limosna para ir tirando con el resto de gastos.
El caso de Ana Zlotary, rumana, tampoco alimenta la esperanza. Vivía en un piso de alquiler con su marido, pero él cobra unos 500 euros pese a que en su nómina consta que percibe 800. O lo tomas o lo dejas, es la disyuntiva que le plantean en este trabajo, que además está en Benidorm, adonde se desplaza y no come en todo el día, por no tener qué.
Hortelanos
Como el magro sueldo les daba justo para el alquiler, el recibo del agua y la limpieza de la escalera, les llegó el desahaucio y el éxodo a la granja de El Palamó.
Completa este hogar otro francés, René Legrand, quien ha empezado a cultivar un huertecito con el que aportar algún tomate y hortaliza al triste menú de esta comuna de igualdad en las penurias, en espera de solidaridad.
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