Sobrepasar los límites de decibelios permitidos y truncar el descanso puede llevar a la cárcel. La Fiscalía ha pedido 15 años de prisión para el dueño de un bar que lo convirtió en afterhour y que acumuló más de una treintena de denuncias ya que no dejaba dormir a los vecinos.
La Audiencia de Barcelona ha acogido el juicio contra Gabriel A. F., dueño del local, que negó las acusaciones y aseguró que el equipo de música tenía un limitador de sonido.
Por su parte, los vecinos describieron como "insoportable" y "desagradable", el ruido procedente del after, que abría de cinco de la madrugada a once de la mañana y de nueve de la noche a tres de la madrugada.
Según relataron, ni los niños ni los adultos podían dormir. En algunos casos, incluso, necesitaron tratamiento médico para conciliar el sueño y superar situaciones de estrés y depresión.
Los hechos ocurrieron entre diciembre de 2006 y junio de 2007, cuando el ayuntamiento precintó el local. En ese tiempo, el establecimiento acumuló 32 denuncias debido a la «contaminación acústica». En las mediciones que registraron en las casas de algunos de los vecinos denunciantes se rozaban los 50 decibelios, cuando el límite permitido para los bares es de 70.
Según ha declarado en la vista una perito especialista, cuando en una casa se registra un nivel de sonido superior a los 30 decibelios se produce una situación de «grave riesgo físico y psíquico» ya que puede provocar, entre otros, subida de tensión arterial, estrés, depresión e insomnio.




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