El estrés infantil ha aumentado de manera peligrosa, incrementando las enfermedades psicológicas y los suicidios en menores, debido a la presión social para que sean perfectos y siempre felices, según el escritor y periodista canadiense Carl Honoré, autor de Bajo presión .
Como adultos, estamos controlando a los niños al milímetro, como nunca ocurrió antes
También en "el bombardeo abrumador de mensajes publicitarios, que tampoco se ha visto antes en la historia", e incluso en la dinámica familiar, que ha cambiado mucho porque, dice, los padres se encuentran bajo presión y sienten "el empeño de empujar, modelar y perfeccionar a los niños con una energía sobrehumana para darles lo mejor de todo y hacerlos al mismo tiempo los mejores para todo".
Honoré, padre de un niño de nueve años y una niña de seis, reconoce que esta forma de actuar nace de un instinto natural y noble, pero que en la última generación "ha caído en la caricatura y el exceso". "El modelo actual de la infancia está fracasando y las pruebas lo demuestran si vemos los problemas que los niños experimentan", aseguró.
Con la energía, el tiempo y el dinero que los padres invierten en los niños "tendríamos que estar viendo el nacimiento de la generación más brillante, más luminosa, más sana y feliz de todos los tiempos", sostiene. "Seamos honestos, no es lo que está pasando", afirma.
Los problemas de salud física infantil han aumentado
Los niños están más obesos que nunca, no tienen tiempo ni libertad para salir a jugar y comen mal
Recuerda que hay millones de niños que toman diariamente medicamentos para controlar su comportamiento y su estado de ánimo.
Cuando se tiene que drogar a los hijos para sobrevivir a la vida cotidiana, la sociedad ha perdido la brújula
"Además, se está perdiendo la magia y el placer de ser niños y de ser padres, hemos profesionalizado la paternidad", protesta al asegurar que hay niños del primer mundo que en su vida se han trepado a un árbol por temor de los padres.
El escritor tiene claro que se puede lograr mucho más haciendo menos y con menos presión, para que los niños no tengan miedo a equivocarse, a jugar o a aburrirse. Honoré alerta de que además los padres, al notar que sobrecargan a los niños, se sienten mal y caen en el extremo contrario de no saber decir no e imponerles una disciplina.
Sin embargo, se muestra optimista, pues asegura que la sociedad se está dando cuenta y comienza a reaccionar. Recomienda que los padres creen un nuevo consenso sobre la educación de sus hijos y da algunos consejos, como que reserven al menos una hora al día para que los niños tengan tiempo libre, para que puedan jugar, leer, aburrirse, y demás cosas que todos los niños deben tener en su infancia.

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