Las estrellas fugaces son en realidad pequeñas partículas de polvo de diversos tamaños. Algunas llegan a ser más pequeñas que un grano de arena, que entran a gran velocidad en la atmósfera terrestre.
Una "Perseida", tan brillante como las estrellas de mayor brillo del cielo, pesa tan solo 0,07 gramos y entra en la atmósfera a 61 kilómetros por segundo. Debido a ese choque con la atmósfera, se desintegran a unos 80 kilómetros de altura y dejan ese trazo luminoso característico cuyo nombre científico es "meteoro".
La mayoría de estas aglomeraciones de polvo están asociadas a restos de materia que los cometas van dejando a lo largo de sus órbitas en sus sucesivos pasos por las proximidades del Sol y la Tierra.
En el caso de las "Perseidas", la órbita atravesada es la del cometa Swift-Tuttle. El periodo de este cometa, es decir, el tiempo que tarda en dar una vuelta alrededor del Sol, es de 135 años.
Para quienes quieran disfrutar de la lluvia se aconseja la observación a simple vista, sin telescopio ni anteojos de ningún tipo, ya que es preciso abarcar el máximo campo de visión. Cualquier punto de observación es bueno, siempre que ofrezca un horizonte y no tenga luces brillantes cerca.
Si se vive en el campo, se podrá observar la lluvia perfectamente desde la propia casa, con la condición de que se evite usar luces que puedan deslumbrar la vista mientras se contemplan las estrellas fugaces.




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