La crisis afecta cada vez a más familias que, aunque parezca mentira, encuentran verdaderas dificultades para llevarse algo de comer a la boca.
De hecho, en el último año el banco de alimentos ha registrado un incremento del número de necesitados. «Damos comida a 22.000 personas al mes, un 20% más que el año pasado, en el que, de media, ayudábamos a 18.363 personas mensualmente», explica el presidente, Mariano Posadas.
Esto significa que más de 700 necesitados reciben al día comida de esta asociación.
«Ayudamos a todo el que lo necesite, pero no de manera particular, sino a aquellos que estén asociados a una entidad legalmente constituida», destaca el encargado de relaciones externas, Eduardo Lambás.
Desde septiembre el perfil del beneficiario ha cambiado. Antes iba destinado a indigentes, pero ahora cada vez más familias en paro reclaman una ayuda porque no les llega con lo que tienen.
La crisis también ha afectado a las donaciones. «Las industrias de alimentación y las grandes superficies, que son nuestros principales suministradores de alimentos, ajustan más los pedidos y no tienen existencias en el almacén, que es lo que al final llega al banco», lamenta Posadas.
A pesar de todo, la cantidad de alimentos distribuidos en 2008 alcanza los 2 millones de kilos, 200 kilos más que en 2007. «Lo movemos entre 30 voluntarios, pero necesitamos más colaboración para conducir y llevar las carretillas», reclama Lambás.
Los voluntarios
Eduardo Lambás, relaciones externas del banco de alimentos
«Vienen muchas familias con críos, que tienen problemas económicos, a pedir alimentos y, aunque se me encoge el alma, no me puedo ablandar porque sólo podemos ayudar a través de las asociaciones. Desde aquí les aconsejamos que se pongan en contacto con la parroquia de su barrio.».
Luis Sobrino, colaborador del centro María Inmaculada
«Este centro ayuda a inmigrantes. Trabajamos con el banco desde hace 8 años y ahora damos alimentos a 40 familias aproximadamente. Normalmente estudiamos la situación personal de cada uno antes de darle comida. Soy jubilado y me gusta colaborar porque me siento útil para la sociedad».
Maribel del Canto, voluntaria del banco
«Llevo tres años. Al principio venía dos horas tres veces a la semana y ahora estoy enganchada. Trabajo muchisimo, llego muy cansada a casa, pero es muy gratificante. Lo que yo aporto no es mucho, es un granito de arena. Animo a la gente a que colabore, que venga aquí porque necesitamos muchas manos».

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