Casi cuatro litros de sidra todos los días durante cinco años no hay estómago que lo soporte… ni piel que no cambie de color. Michael Stenning, un inglés con una trayectoria vital llena de dificultades (parado, divorciado y padre de dos hijos), ha visto como después de consumir ingentes cantidades de sidra, su piel se ha tornado naranja.
Stemming, según recoge la cadena norteamericana de televisión Fox, comenzó a beber cuando perdió su trabajo de mensajero, y sólo abandonó el dañino hábito cuando los médicos le advirtieron de que por ese camino pronto moriría.
Uno de los doctores que le atendieron en el hospital de la ciudad de Brighton (Inglaterra) dice que “es un milagro” que un paciente tan enfermo lograse abandonar el centro vivo. Es más, el personal facultativo que le atendió cuando llegó al hospital para un chequeo se sorprendieron de que “no estuviera muerto”.
Ahora, recuperado de su adicción al alcohol, y con la piel completamente reestablecida de su artificial pigmentación, Stemming quiere emprender una nueva vida no sin antes agradecer a los doctores que le atendieron su vida por delante.

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