Mientras los estudios de mercado aseguran que el comportamiento de los consumidores se ha vuelto "más racional" a causa de la crisis, las cestas de la compra de las estrellas siguen caracterizándose por sus excesos y su extravagancia.
Otra que no repara en gastos es Reese Witherspoon. La joven pagó en un sex shop londinense 900 euros por unos conjuntos de lencería. En definitiva, una minudencia teniendo en cuenta que la actriz figura en la lista de las mejor pagadas del cine, y que su nómina por película podría rondar los 14 millones de euros.
Tampoco el ex de Jennifer López, Ben Affleck, se piensa dos veces en qué invertir su dinero. En un tiempo récord -algo menos de 30 minutos- desembolsó una suma de 14.000 euros. Todo se convirtió en ropa de Gucci y de Dolce & Gabbana.
Pero la que amenaza con vaciar las tiendas a golpe de talonario es Lindsay Lohan, quien ya confesó que, entre sus adicciones, se encuentra la de ser una compradora compulsiva. La también actriz ha llegado a gastar en un sólo día más que ninguno de sus compañeros: 700.000 euros en modelitos y 50.000 en productos de belleza para sus noches de fiesta loca.
Todo parece indicar que las celebridades españolas son más comedidas en el consumo, al menos cuando están en su país. Varios medios aseguran que Penélope Cruz aprovechó una visita a Chile para visitar a la presidenta Michelle Bachelet... y para ampliar su ropero y su neceser por un valor de 9.000 euros.




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