Sin palabras, con un bello paisaje y un protagonista que se enfrenta a su muerte. Así se enfrenta Sorin a su última película en la que vuelve a reinventarse y lo hace con un tempo lento y lleno de detalles y con un personaje inanimado, el paisaje y la fotografía.
La ventana, que se presenta a concurso en la Sección Oficial de la Seminci, está basada en los silencios y en la mirada de su protagonista principal, Antonio Larreta, que se enfrentó a su personaje "sin guión y esperando cada día el susurro de Carlos Sorín para iluminarme".
La estructura del largometraje es sencilla pero intensa. Su protagonista es un escritor moribundo que se enfrenta a sus últimos días esperando a que su hijo venga a verle desde Europa y cuya única obsesión es poder levantarse de la cama y ver su huerto para demostrarse así mismo que aún es capaz de hacer algo por sí mismo.
Junto a él están dos mujeres que se encargan de cuidarle y que no le falte de nada y un protagonista más, su finca, la que ha cuidado durante años y por la que da su último paseo sacando fuerza de flaqueza para ver y oler sus plantas y sus colores.
"Hablo de un tema universal. El correr del tiempo, el fin y la soledad en el momento del fin", aseguró Sorín durante la presentación de la película, muy influida, según él, por Fresas salvajes, de Igmar Bergman. "Supongo que en la narración hay un poco de todo. Mi padre murió el año pasado y eso, como no, también está presente", reconoció.
Con todos estos referentes, Sorín creó "un esbozo de guión" que entregó al que sería su protagonista, Antonio Larreta escritor, guionista de películas como Los santos inocentes o Juana la Loca y actor. "Cuando lo vi me dijo que no se me ocurriera aprendérmelo y para un actor de teatro como yo, eso fue una locura", añadió Taco.
La relación con el guión fue tan inexistente que incluso llegó a desaparecer de la mesa del actor protagonista. "Mi personaje se basaba en el susurro que Sorín me daba justo antes de empezar a rodar y que me revelaba cómo tenía que enfrentarme a él en ese momento".
"En mis películas lo importante no es lo que se diga, es algo secundario. Aquí se trataba de contar algo más íntimo y más cercano que estaba en la cara y en la mirada del actor más que en sus palabras", añadió el director de esta coproducción entre Argentina y España.
A pesar de narrar un tema muy duro, Sorín se negaba a que su película fuera deprimente, por eso le introdujo pequeños toques de humor. "Siempre hay formas de suavizar un tema tan duro como la muerte y yo quería hacer eso", finalizó.
Por último, el director reconoció que, dada la importancia de la fotografía, decidió rodar en 35 milímetros. "En ese sentido mi largometraje es un clásico", finalizó.
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