La prisión madrileña de Alcalá-Meco se ha llenado este jueves de pinchos con el permiso de Instituciones Penitenciarias. Catorce presos de esta cárcel han recibido sus diplomas de ayudantes de cocina tras casi cinco meses de un curso intensivo que han cerrado hoy con dos padrinos de excepción, el chef Andrés Madrigal y la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo.
Los aprendices son chicos muy jóvenes, condenados o a la espera de juicio por tráfico de drogas, robo o lesiones y, en su mayor parte, de origen latinoamericano. Todos ellos saben que están ante una buena oportunidad para su futuro.
Para celebrar un título que puede abrirles puertas cuando cumplan sus condenas, los presos han cocinado tres aperitivos: crema de ajo verde con pistachos y sardinas ahumadas; huitlacoche (hongo del maíz) con pulpo a la gallega y tortillitas de camarones. La secretaria general de Instituciones Penitenciarias se ha remangado (literalmente) para echar una mano a estos chavales, pero ellos han sido los principales protagonistas.
Ángel Roberto, 21 años, México. 9 años y un día por tráfico de drogas.
El propósito de Ángel, que ya ha cumplido un año y medio de cárcel es "aprender para poder trabajar como cocinero". Está dispuesto a preparar una buena cena "a Paula Vázquez y a Nuria Roca", y compara la libertad "con algo muy dulce"; la prisión, dice, es "una mezcla de dulce y amargo".
Jose, 19 años, Fuenlabrada (Madrid). Preso preventivo.
"Ahora no voy a dejar a mi madre que haga nada", dice orgulloso Jose, un chaval que lleva siete meses en Alcalá-Meco por tráfico de drogas. Mientras espera que salga su juicio, envía desde 20minutos.es un mensaje a su chica, Andrea: "Cuando salga te voy a preparar una cena romántica... Te quiero mucho".
Abel, 19 años, República Dominicana. Preso preventivo.Este dominicano espera juicio por un delito contra la salud pública y en estos meses "ha aprendido 49 recetas que no sabía". "El curso me ha ayudado mucho, me han dado una oportunidad para el futuro en la que nunca había pensado", nos explica. Lo primero que quiere cocinar cuando salga de prisión es una paella o una tortilla.
Julio, 19 años, Bolivia. Condenado a casi 7 años por tráfico de drogas.Ya ha cumplido casi un año de prisión y se ha apuntado al curso para poder ayudar cuando salga en el bar de su hermana, en Madrid. También está dispuesto a preparar una cena romática a Carla, la chica española con la que sale.
Instituciones Penitenciarias espera que la mayoría de ellos pueda trabajar en restauración cuando recobren la libertad. Al menos tres de los que hicieron el curso el año pasado están empleados en cocinas. Mientras estén internos, algunos de ellos trabajarán en la recién estrenada cocina de Alcalá-Meco: alta en la Seguridad Social y entre 280 y 300 euros al mes. Una buena manera de abonar el camino hacia la libertad.




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