La Cámara de Diputados de México aprobó este martes una polémica reforma energética que costó siete meses de intensos debates y que estuvo rodeada de protestas de parte de la izquierda.
Los siete dictámenes que componen la reforma petrolera otorgan mayor autonomía a la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex). Sus detractores consideran que abren la posibilidad de privatizar parte del sector.
La aprobación del texto legal, que ratifica la decisión asumida la semana pasada por el Senado y que requiere de la promulgación del presidente Felipe Calderón, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), para entrar en vigor, fue posible después de cinco horas de discusiones y algo de tensión.
Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que encabeza el movimiento de rechazo a la reforma, instó a los legisladores a que revisaran y corrigieran la normativa antes de votarla para evitar que con la futura ley el Gobierno pueda firmar contratos con empresas privadas en áreas estratégicas, algo que el Ejecutivo niega.
La postura de López Obrador y de sus seguidores no fue compartida por todos los legisladores izquierdistas, como quedó de manifiesto con la votación del dictamen sobre la Ley de Pemex, que se refiere a los contratos, resuelta con 395 votos a favor, 82 en contra y cero abstenciones.


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