La defensa de Bunbury quedó ayer absolutamente clara: es un verdadero artista, un rockero que va más allá de la simple garra para agarrarse fuerte a una furia profunda y verdadera, una voz que desgarra y obliga a escuchar todos sus himnos con corte de poema, una estrella que lo sabe y lo demuestra hasta con la camisa (roja con estrellas negras).
Botellín en mano se sentó en un taburete y terminó el concierto del modo en el que sus amigos le habían recomendado que no lo hiciera. "Un experimento madrileño" dijo el músico, que una vez más logró sorprender no recurriendo a las esperadas canciones, y regalándonos la Canción cruel con una intensidad que arrancó las lágrimas de algunos de los devotos seguidores del prodigioso Bunbury.
Espectáculo del mejor fue lo que la ex estrella de Héroes del Silencio ofreció ayer, demostrando lo que es y lo que en un directo hace un verdadero artista. Sin ninguna duda, Bunbury ayer caló hondo.




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