Loredana llamó a su novio por teléfono: "Quiero romper contigo y voy a ir a casa a recoger mis cosas". Él, Catalin Nicusor, fue a buscarla a la estación de tren. Fueron juntos al piso donde ambos vivían en Basauri. Allí discutieron, el varón cogió un cuchillo y le asestó 16 puñaladas. Loredana murió en el acto. Ella tenía 26 años y él, 28. Era el 3 de julio de 2006.
La jueza de la Audiencia Provincial de Vizcaya considera probados estos hechos. Por ello, condena a Catalin Nicusor a 17 años y medio de cárcel por un delito de asesinato, según recoge la sentencia hecha pública este jueves. Queda rechazada así la versión que el condenado dio en el juicio. Entonces, afirmó que él "sólo quería suicidarse", pero se volvió «loco» y causó ese "accidente" .
El condenado y la víctima habían comenzado su noviazgo ocho años atrás en su país de origen, Rumanía. En 2005 llegaron a Euskadi y formaron su hogar en Basauri.
La magistrada encuentra el agravante de alevosía porque "el acusado tuvo una conducta que permitió que la víctima no pudiera prever la suerte que esperaba". Es decir, se aseguró de que no hubiera nadie en casa, fue a buscarla a la estación... La sentencia no encuentra ensañamiento. "No se ha demostrado la intención de aumentar el sufrimiento (de ella)".
La jueza también exime al condenado del delito de maltrato habitual, cosa que sí pedía la acusación particular (ejercida por la familia) y las populares (desempeñadas por la asociación Clara Campoamor y el Ayuntamiento de Basauri). Todos ellos solicitaron una pena de 25 años de cárcel.
Testigos contradictorios
En este punto, la duda beneficia al reo. Según la sentencia, los testigos son "contradictorios". Mientras una asistenta social explicó que Loredana le había confesado que había sido maltratada, la propia madre de la víctima aseguró que no veía a a Catalin como alguien peligroso.
Por último, el condenado deberá pagar 90.000 euros a la madre de la víctima.
"Quiero dar la cara"
«Quiero dar la cara», dijo Loredana antes de ser asesinada. La asistenta social le recomendó no ir sola a casa a recoger sus cosas, pero la joven creyó que tenía el deber moral de hacerlo tras ocho años de relación. Evidentemente, la jueza encuentra en el asesinato el agravante de parentesco.
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