El día era lluvioso y desapacible en Madrid, lo que no mermó los ánimos del centenar de personas que esperaban ayer para hacer el casting de Fama ¡a bailar!, el talent show de Cuatro, que próximamente estrenará su segunda temporada.
Los jóvenes miraban con estupor el interés de los medios por la prueba, mientras esperaban entre mallas, calentadores y paraguas.
Tras la primera sala, se les llamaba por grupos para pasar a la estancia donde se graban las pruebas. Aquí las cosas cambian. Todos están ya en traje de faena, descalzos, con zapatillas de ballet o botas altas. Calientan, repasan sus coreografías y se hacen bromas, que ríen nerviosamente.
En la mesa, juzgando a los aspirantes, están Marbelys, una de las profesoras del programa, Víctor Ullate, el director de la escuela, y Marta Moure, la directora de casting de Zeppelin, la productora del programa.
Llaman a la número 87. Se llama Rocío, tiene 21 años y viene de Madrid. Hace su coreografía, pero los nervios la traicionan y rompe a llorar.
Marbelys le aconseja y le recuerda que en un casting hay que darlo todo. La acompaña fuera para consolarla. Después salen dos amigas, Marta y María. Se las ve más confiadas y bailan juntas.
Después les piden que bailen por separado. Marta lo hace bien, pero María deslumbra. Mientras baila, los profesores sonríen y asienten con la cabeza. Les ha gustado.


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