Quien tiene un trabajo tiene un tesoro. Al menos en periodos de crisis. Ya nadie tiene su puesto asegurado. Da igual el tiempo que lleves en la empresa, el tipo de contrato que tengas o el cargo que ocupes. Es más, los jefes tiemblan más que nunca por el peligro que supone el ahorro de sus salarios.
Ponte las pilas y haz todo lo que esté en tu mano para ser imprescindible en tu empresa y evitar un despido. No te quedes de brazos cruzados:
Interés: Lo primero es cargar energía y manifestar fuerza, ganas y entusiasmo. Lo menos indicado es que tu estado de ánimo sea acorde con la crisis. Que se note que eres de los que tiran del carro.
Gestión: Hay que levantar las alas, y esto se traduce en una oportunidad para demostrar tu valía. En vez de quejarte, busca soluciones.
Productividad: No se trata de trabajar más horas, sino de ser eficaz. Cuanto menos tardes en hacer algo, mejor; tendrás más tiempo para ayudar y materializar tu creatividad.
Discreción: Pon tu firma en los éxitos que consigas, pero sin perder la humildad. Hay un punto intermedio entre dejar que otros se lleven los méritos y ser pesado, pelota, egocéntrico o prepotente.
Relaciones: Ante todo, evita cualquier tipo de conflicto, ya sea con subordinados, superiores o compañeros. Y no des motivos para ello, por insignificantes que parezcan.
Profesionalidad: Lo mismo puede decirse de todo lo que no sea trabajo. Deja para casa el correo personal, los vídeos de YouTube y las charlas personales por teléfono.
Iniciativa: Si surge un nuevo proyecto o grupo de trabajo, ofrécete voluntario para arrancarlo y liderarlo. Más aún si estás cansado de tu rutina o si temes que tu labor es sustituible. Sólo hay una forma de asegurar tu trabajo: siendo imprescindible.




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