El ataque ha despertado el fantasma de una nueva oleada de disturbios por parte de la minoría árabe, como ocurrió en septiembre de 2000, lo que ha llevado a la Policía a declarar la situación de alerta máxima para todas sus unidades.
El atentado ocurrió en el interior de un autobús de línea que hacía el trayecto entre las ciudades de Haifa y Shfaram.
Al entrar en el barrio druso de la ciudad árabe, el asesino, un joven de 19 años, identificado como Even Tzuveri, vestido de uniforme militar y que al parecer militaba en la organización ilegal ultraderechista Kaj, disparó contra los pasajeros, al parecer tras una reyerta en el interior del vehículo, según medios de comunicación locales.
Entre las víctimas mortales hay dos varones -uno de ellos el conductor del autobús- y dos mujeres, mientras que entre los más de quince heridos se cuentan una decena de pasajeros que sufren impactos de bala, además de cinco policías que fueron atacados por una masa de jóvenes árabes tras el suceso.
Linchamiento tras el atentado
Fueron ellos los que presuntamente lincharon a Tzuberi, quien hace dos meses desertó del Ejército. Fuentes policiales confirmaron que Tzuberi, nacido con el nombre de Natán Zaada, era natural de la ciudad de Rishon Letzión, al sur de Tel Aviv, y que recientemente se hizo religioso y radicalizó sus posturas políticas, hasta desertar para no tener que participar en la evacuación de Gaza.
Según medios de prensa, tenía su residencia en el asentamiento judío de Tapuaj, en el sur de Cisjordania, y supuestamente militaba en el grupo terrorista judío Kaj. El cadáver de Tzuberi seguía esta noche en el interior del autobús, aún custodiado por cientos de agentes de policía que impiden a los manifestantes acercarse.
"Un Ejército de agentes de Policía y de soldados rodean el autobús para tratar de frenar a una masa indignada y desbordada", relató Munib Farez, testigo ocular de los hechos.
La Policía ha declarado esta noche la alerta máxima en todas sus fuerzas por temor a que el atentado desencadene una oleada de violencia por parte de la comunidad árabe-israelí, formada por más de un millón de personas que viven en este país. Algunos políticos de la minoría árabe de Israel han acusado al Gobierno israelí de provocar el atentado.


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