N. Y., de 25 años, es una de las muchas chicas que no se va de casa sin su spray lacrimógeno en el bolso, «especialmente cuando salgo por las noches. Me da miedo que me hagan algo cuando entro o salgo del garaje».
Su inseguridad está sobradamente justificada, puesto que el año pasado fue víctima de una agresión en el patio de su casa, en la zona de Campanar, cuando regresaba de una noche de marcha. «Un tío con un pasamontañas me abordó cuando estaba entrando al portal. Me arrojó al suelo y me hizo un corte en la cara. Suerte que mi padre y mi hermano escucharon los gritos y bajaron, aunque el individuo ya se había ido asustado por el ruido de las puertas de las casas», relata.
Después de aquello, no se lo pensó dos veces y su novio fue a una armería a comprarle el spray. «Me da igual que esté prohibido. De alguna forma me tengo que defender. También está prohibido hacer lo que me hicieron a mí y por desgracia es algo que suele pasar», sentencia.
Un tío me abordó cuando estaba entrando al portal de mi casa, me tiró al suelo y me hizo un corte en la cara
Tanto es así, que los sprays lacrimógenos se han convertido en una de las principales armas de autodefensa, especialmente para las jóvenes que, como N. Y., salen por las noches de marcha.
Así lo confirman todos los armeros consultados por 20 minutos: «Existe una gran demanda de este producto. Todos los días se venden unos cinco a chicas o a hombres que los compran para sus mujeres o novias».
Según explican, su efectividad como elemento disuasorio ante una agresión unido a su precio asequible (entre 10 y 12 euros) son algunas de las causas del éxito en las ventas.
Aún así, advierten que «sólo se pueden vender los que están homologados por el Ministerio de Sanidad a personas mayores de 18 años. Sin embargo, su uso es ilegal».
Causan picores durante 30 minutos
En este sentido, fuentes de la Guardia Civil han informado que la ley orgánica 1/92 sobre la Protección de la Seguridad Ciudadana es la que regula el uso de estas armas y penaliza «la tenencia o utilización de armas prohibidas». En este caso, las sanciones oscilan entre los 300 y los 600.000 euros en función de si el delito está calificado como una falta leve, grave o muy grave.
Sobre los efectos que provoca este aerosol a quien se lo rocían, las mismas fuentes han explicado que «en función de la cantidad aplicada puede causar un escozor intenso, irritación y picores en los ojos que van desapareciendo al cabo de unos 30 minutos».
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