La prueba más palpable es que apenas ha tenido relevancia en los perezosos mercados de valores de la región, ni demasiada incidencia en el precio del crudo, pese a que Arabia Saudí es el primer productor y exportador del mundo de esta materia prima.
"En general, no son esperables grandes cambios, ni en la política interna ni en la externa del país, ya que el nuevo soberano ejercía un poder total desde hacía casi una década", declaró Mohamed Qadri Said, asesor del prestigioso Centro Al-Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos.
El rey Fahd perdió todos sus poderes en 1994, después de que sufriera un derrame cerebral y su figura quedó relegada a meros actos ceremoniales. Al-Said, como otros expertos, puntualizó, sin embargo, que la desaparición de Fahd, considerado el fundador de la Arabia Saudí moderna, puede permitir a Abdala acelerar la tímida tendencia reformista emprendida en los últimos años.
"Es evidente que existe una vocación nueva en cuestiones domésticas, pero aún no está preparado para hacer frente a la militancia islamista que impregna la sociedad saudí y que desde hace dos años amenaza al régimen", agregó el experto.
Esto no quiere decir que las mujeres vayan a recibir de inmediato sus derechos, o que se concedan permisos para construir templos de otras religiones, agregó.
Las mujeres no tienen derecho a voto, no pueden conducir vehículos, no se les permite salir a solas a la calle y cuando lo hacen, debe ser en compañía de un varón de su familia y tapadas de la cabeza a los pies, completamente de negro.
La forma de Gobierno es una monarquía autoritaria que raya la dictadura, prohíbe la libertad de culto y recurre a la decapitación y la tortura para castigar los delitos. Todo ello, junto a las diferencias económicas que han comenzado a surgir tras veinte años de bienestar petrolero, ha creado un caldo de cultivo del que han salido decenas de radicales islámicos, quince de los cuales fueron autores materiales de los atentados del 11 de septiembre de 20001 en Washington, Nueva York y Pensilvania.
Los pocos que se atreven a alzar la voz en el reino, han acusado al propio Abdala de fomentar indirectamente, con su política y durante su regencia, la aparición de hombres como Osama bin Laden, líder de la red terrorista internacional Al-Qaida. Y de colocar al país en su actual estado de riesgo, al emprender una represión violenta y sin medida de estos movimientos, que los últimos dos años han explotado, cometido decenas de atentados y segado la vida de más de un centenar de personas.
"No creo que el nuevo rey Abdala esté dispuesto a mostrar cualquier tipo de tolerancia, pero es de esperar que este preparado para darle otra oportunidad a los islamistas para que abandonen su campaña de terror", indicó Mohamed Salah, escritor experto en política saudí. "En mi opinión, creo que ahora el nuevo monarca tendrá más libertad para ejercer su voluntad", agregó.
Los islamistas recriminan a la familia real saudí su alianza casi total con la política de Washington, rubricada por Fahd y visible con acciones como el controvertido respaldo a la reciente invasión de Irak. Abdala, en los últimos años, se ha mostrado un poco más reticente y en ocasiones ha rechazado algunas de las propuestas y demandas de la Casa Blanca.
Pocas variaciones en la política petrolera
Fuentes saudíes citadas por cadenas de televisión árabe aseveraron, asimismo, que no habrá variación alguna en la política petrolera del reino. Desde hace años, apoyado en su papel del principal productor del mundo y el hecho de ser el más fiel aliado de Estados Unidos, Arabia Saudí se ha convertido en el celador del mercado. Cuando los precios se han disparado, ha aumentado la producción, sin tener en cuenta las ambiciones de sus aliados en la OPEP.
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