Sabido es que el cine existe gracias a una imperfección: la persistencia de la visión humana, que imposibilita diferenciar 24 imágenes por segundo produciendo así la ilusión de movimiento. El cine en 3D, en cambio, se aprovecha de una ventaja: la visión humana estereóscopica, que permite la vista binocular de un objeto produciendo sensación de tridimensionalidad, al capturar cada ojo una imagen plana que, combinada, recrea la profundidad.
Una película en 3D comienza con un rodaje distinto al convencional. Es necesario recoger dos materiales visuales, uno para cada ojo, a través de dos cámaras simultáneas o de una con cabeza doble. Esas dos fuentes de imagen serán procesadas y sincronizadas después, para descargarse en un servidor o disco duro que las pasará al proyector.
Cualquier proyección en 3D consiste en la recepción, por cada ojo, de una secuencia de imágenes diferentes. Existen tres sistemas de proyección digital en 3D: el Real D (empleado en España por Cinesa), el Dolby (en Kinépolis) y el XpanD (elegido por Yelmo). Los dos primeros emplean gafas "pasivas", desechables, mientras que las gafas "activas" son reutilizables, aunque tras cada sesión deben ser higienizadas. El popular IMAX 3D no es digital, sino analógico.
Hay otra ventaja del cine digital 3D: no puede piratearse por un espectador. Pero las salas se quejan del alto coste de esta revolución: "saltar" de una sala tradicional a una en 3D exije invertir unos 145 mil euros, e implica el uso de salas medias, no las grandes (no se debe sobrepasar, por pérdida de luz, pantallas de 15m de base con un aforo de unos 300 espectadores).
A cambio, una película tridimensional recauda en España unas cinco veces más, por copia, que la misma película en formato tradicional. Las 22 salas 3D españolas están entre las treinta más visitadas por los espectadores nacionales; Viaje al centro de la Tierra, con Brendan Fraser, es la más taquillera hasta ahora en nuestro país, Hannah Montana está arrasando en EE UU y El Caballero Oscuro aspira a convertirse en la cinta más taquillera de la historia en dicho país si, como se rumorea, vuelve a estrenarse en 3D antes de los Oscar.
Bolt, la primera película de Disney en este sistema llegará a final de año, y poco después vendrá Fly me to the Moon, también de animación. Se calcula que 2009 traerá catorce o quince filmes 3D, entre ellos la nueva entrega de Harry Potter (aunque sólo en IMAX), la tercera parte de Ice Age o Up, de Pixar. Se espera con expectación el Avatar de James Cameron y el reestreno, aún sin fecha, de toda la saga de La guerra de las galaxias.
Lorenzo García (director comercial de Kelonik, principal instalador español de salas 3D), no habla de tabla de salvación sino de un "elemento más, de gran ayuda, para atraer a la gente a las salas". Antonio Abad (portavoz de Christie, primer fabricante mundial de proyectores digitales ) cree que está siendo fundamental "para dar vida al sector". Y Enrique Martínez, director técnico de Yelmo, cree que "será una revolución, pero sólo por un tiempo limitado. Después, como siempre, la gente sólo irá a ver una película en este sistema si confía en que sea buena".
COMO EN UN CONCIERTO DE U2
El fenómeno no se queda en el cine: U2 3D, la primera película rodada en esta tecnología sobre el grupo, se estrenó el pasado viernes en España. La fusión entre imagen tridimensional, sonido multicanal y el talento de la banda de Bono, en medio de su gira Vértigo, asegura una experiencia inolvidable. Estrenada sólo en salas 3D e Imax, es otra apuesta por trasladar los mejores espectáculos musicales a la gran pantalla en este nuevo soporte, como ya hiciera el documental Shine a Light sobre los Rolling Stones, aunque éste no llegó a nuestro país en 3D.


















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