El mapa de las banderas del mundo cambia continuamente en la ciudad, y eso que este año se ha registrado un frenazo en la llegada de inmigrantes.
Si el año pasado se batía el récord con el empadronamiento de 4.444 nuevos vecinos extranjeros, en lo que llevamos de 2008 a penas han venido 622.
Desde que hace tan sólo 8 años se produjera el boom de la inmigración, en Valladolid se ha pasado de 1.140 a 20.199 forasteros de 114 nacionalidades distintas, y la mayoría ha optado por instalarse en los mismos barrios. De hecho, hay cuatro zonas de la ciudad (Las Viudas, Vadillos, Universidad y Rondilla) en los que más de un 10% de los vecinos son extranjeros.
En otros barrios, como Pajarillos, Batallas y Circular se supera también con creces la media de vecinos inmigrantes, que es del 6,30%.
Cada día más samba
Por los balcones de las casas se escucha cada día más samba, pues los brasileños son la colonia latina que más ha crecido (de 716 a 1.895 en tres años) y son ya los más numerosos, por delante incluso de los ecuatorianos, que según el último registro son 1.356, incluso menos que en 2005.
A pesar del gran incremento de los brasileños en la ciudad, búlgaros, rumanos y marroquíes siguen siendo los más numerosos y los que, proporcionalmente, más siguen aumentando su presencia en la ciudad.
No sólo se habla ya de cantidad, sino también de variedad. Hay zonas de la ciudad, como Delicias, en las que conviven hasta 70 nacionalidades diferentes.

Jimmy Gómez Y Carmen Calvo.
Mecánico, 41 años y AAVV Rondilla, 69 años.
«AHORA SE VUELVEN A ABRIR LAS TIENDAS"
En el 2001 surgió el boom de la inmigración y, desde entonces, las miradas de reparo hacia el extranjero se han convertido en saludos de vecino. «Ahora la gente está más que acostumbrada», dice Jimmy, que se ha sentido siempre bien acogido. «Vienes a ciegas y tardas en situarte, pero siempre nos lo han puesto fácil. Recuerdo haber pedido ayuda porque no tenía dinero ni para llamar a una oferta de trabajo».
Son uno más y la prueba es que ayudan a levantar el barrio. «Ahora se reabren las tiendas donde antes se cerraban los locales», dice Carmen, «y se vuelve a hacer deporte en zonas del parque Ribera de Castilla que ya no se utilizaban». «La integración se aprecia desde el momento en que no se hacen actividades para inmigrantes sino que participan como cualquier vecino», concluye Carmen. «El cambio definitivo se tiene que hacer en la escuela, para que si a mi hijo de 3 años le preguntan los compañeros por qué su papá es negro se les explique con normalidad».
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