Las cucharachas, tan comunes en muchas ciudades y, fuera de ellas, en las regiones templadas y tropicales del planeta, tienen por costumbre morir boca arriba. No siempre ocurre, pero la mayoría de las veces así es, según cuenta la web sabercurioso.com.
Además, encontrar una cucaracha en esta posición tampoco quiere decir obligatoriamente que esté muerta, pues a menudo fingen esa condición para después volver a poner las patitas sobre el suelo una vez consideran que el peligro -cualquiera que este sea- ha desaparecido.
Cuando una cucaracha muere por causas naturales, el rigor mortis hace que sus patas se contraigan. Sería mucha coincidencia que todas las patas partieran del mismo grado de extensión y que se contrajeran a la misma velocidad, por lo que lo más común es que unas se contraigan antes y en mayor medida que las otras.
Esto desequilibra el centro de gravedad del insecto, por lo que vuelca hacia ese lado. Si la muerte viene provocada por algún insecticida también acaban boca arriba. En este caso porque la composición del producto ataca el sistema nervioso del insecto causándole espasmos que causan su volteo. Perdida la coordinación, la cucaracha es incapaz de darse la vuelta y así le sobreviene la muerte.


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